Por lo regular dejamos que los problemas lleguen a nosotros atropelladamente, sin orden ni jerarquía, hasta agobiarnos e impedirnos darles la solución correspondiente.

Así transcurre la existencia de muchas personas, quienes a la larga, se sienten impotentes y viven una existencia mediocre.

Viven anhelando comodidades, riquezas materiales y espirituales sin poder comprender que las tienen al alcance de la mano.

Que con sólo poner orden y método, resolverían más de la mitad de sus problemas y estarían en posibilidad de planear y lograr lo que ambicionan.

Pongamos un ejemplo:

Juan es un funcionario a cuyo cargo están las prestaciones de una empresa. Por ello tiene necesidad de llevar en orden los expedientes de todo el personal, atender llamadas de usuarios y proveedores, procurar que se brinde el servicio adecuado, negociar precios, gestionar pagos, etc. Siempre vive presionado, nervioso y sin tiempo para nada porque atiende los asuntos como se van presentando.

Para solucionar un asunto deja pendientes dos que caen luego en el legajo de pendientes... los que nunca se acaban.

Juan anhela tener más tiempo. Pero no es tiempo lo que requiere, sino organización para resolver sus asuntos en el transcurso de la jornada.

Si estableciera un horario para atender proveedores, otro para usuarios y uno más para trabajos de escritorio simplificaría sus problemas y tendría tiempo aún para planear nuevas actividades.

Debemos acostumbrarnos a resolver un problema a la vez y como por arte de magia resolveremos tantos como nunca imaginamos.

Este es uno de los pequeños pero importantes secretos que debemos tener presente para lograr destacar en la vida.

Practícalo, puedes estar seguro de que te será sumamente provechoso.